A veces, el primer contacto con un destino comienza mucho antes de aterrizar, en un bocado que nos transporta o en un aroma que despierta recuerdos de aventuras pasadas. En este recorrido, nos dejaremos guiar por el sabor, porque hay algo profundamente transformador en probar la cocina de otro país: es entender su historia, su gente y su forma de celebrar la vida.
Índice de contenido
Mejores gastronomías del mundo para viajar en 2025:
Prepárate, porque esta vez no haremos la maleta con ropa ligera o abrigo térmico… sino con hambre. De descubrimiento, de conexión, y sí, también de cosas ricas.
Perú: donde cada plato cuenta una historia

Perú es una de las mejores gastronomías del mundo, será una parada inevitable en nuestro viaje de sabores. Desde los mercados limeños hasta las alturas de Arequipa, cada receta es un reflejo de mezcla, resistencia y orgullo. Nos veremos pidiendo un ceviche a media mañana y pensando que no hay mejor desayuno en el mundo. Y cuando probemos el ají de gallina, entenderemos por qué las abuelas peruanas guardan sus secretos culinarios como si fueran oro.
También habrá lugar para lo inesperado: quizás te atrevas con el cuy, presentado con elegancia en una terraza cusqueña con vista a los Andes. Nos reiremos del nerviosismo previo, y luego brindaremos con pisco por haberlo probado.
India: un mapa de sabores en cada plato

La India no se puede entender sin probarla. Comer la comida típica de la India será como abrir un libro en el que cada página tiene su propia banda sonora de especias. Empezaremos con un dosa en una esquina de Chennai y terminaremos la noche con biryani en Hyderabad. Cada ciudad será un universo culinario distinto.
Y en medio de todo eso, encontraremos un hilo común: hospitalidad, intensidad y esa sensación de que un solo bocado puede cambiar el curso del día. Porque en India, hasta un simple chai preparado en la calle puede robarnos un suspiro.
México: la cocina que emociona

México nos conquistará con un abrazo cálido y un plato humeante entre las manos. Aquí, el maíz es más que un ingrediente: es raíz, identidad, bandera. Iremos de antojito en antojito, descubriendo que un taco no es «solo un taco», sino un relato corto con salsas como protagonistas.
Y cuando creamos haberlo probado todo, un mole nos detendrá en seco. Complejo, profundo, casi místico. Cerraremos los ojos y diremos: «¿cómo es posible que todo esto esté en un solo plato?». La cocina mexicana no tiene prisa. Solo corazón. Es una de las mejores gastronomías del mundo, no puedes dejar de probarla.
Tailandia: cuando el equilibrio es arte

En Tailandia, comer será como asistir a una clase magistral de armonía. El primer sorbo de una tom kha gai nos hará fruncir el ceño y sonreír al mismo tiempo: dulce, salado, ácido, picante… y de pronto, todo cobra sentido.
Podremos perdernos en los mercados nocturnos de Chiang Mai, donde las brochetas chisporrotean y los olores se mezclan como una banda sonora del viaje. Y en algún rincón de Phuket, entenderemos que un curry no es solo comida: es memoria en forma de plato hondo.
Corea: identidad fermentada

Si hay una gastronomía que se vive con intensidad emocional, es la coreana. El kimchi no solo se come, se respeta. Y el bulgogi, marinado con paciencia, nos recordará que los mejores sabores son los que han tenido tiempo para desarrollarse.
Nos encontraremos en una mesa baja, rodeadas de platillos pequeños, y pensaremos: «esto es comunión». Y al probar el doenjang jjigae, un guiso sencillo pero profundo, sentiremos que la cocina también puede abrazarnos.
Japón: precisión y poesía

En Japón, cada comida es casi una ceremonia. Desde los desayunos salados hasta la sobriedad del sushi, aquí se come con todos los sentidos. En una barra de sushi en Tokio, quizá nos sintamos nerviosas antes del primer bocado. Pero luego, el silencio lo dirá todo.
Aprenderemos que el respeto por el ingrediente es casi sagrado. Que un omakase sea un acto de confianza. Y que a veces, una sopa de miso tomada en un pequeño ryokan puede ser lo más reconfortante del mundo.
Sabores que sorprenden: joyas ocultas del mapa

A veces, lo mejor del viaje está donde nadie mira. Como el kitfo etíope, un tartar especiado que se sirve con pan injera y nos hace comer con las manos. O el bánh xèo vietnamita, crujiente, caótico y delicioso. En esos platos que no buscábamos, encontraremos algunas de las experiencias más auténticas.
Nos atreveremos con el hákarl islandés y nos miraremos entre risas diciendo: “una vez en la vida… y ya”. Pero también habrá sorpresas suaves: como el bobotie sudafricano, mezcla de dulce y especiado, que nos hará pensar en domingo.
Para los viajeros valientes: gastronomía sin filtros

¿Tienes el paladar curioso y la valentía de una exploradora? Entonces en Camboya te esperará un plato de tarántulas fritas. Crac. Y en China, esos huevos centenarios nos enseñarán que la cocina es también un acto de osadía.
Y en cada país, descubriremos que probar lo que parece “raro” no es solo un desafío: es una manera de decir “me abro a lo tuyo”. Y ahí, siempre hay magia.
Cocinas del mundo que merecen más fama

Existen sabores que aún no son parte de los “top ten”, pero que merecen su lugar en el mapa emocional del viaje. En Filipinas, el menudo con hígado te envolverá como una historia contada por tu tía preferida.
En Senegal, la cocina es ritmo, comunidad y sazón. Probaremos el thieboudienne, un arroz con pescado que lleva tanto sabor como historia. Preparado lentamente con especias, vegetales y amor, este plato nacional nos reunirá alrededor de una fuente compartida, comiendo con la mano derecha y con la certeza de que la comida une más de lo que divide.
La mejor comida en un vuelo internacional

Viajar también es comer… incluso cuando lo hacemos a 10.000 metros de altura. Y aunque muchas veces hemos dudado si aceptar ese menú a bordo o sobrevivir con galletitas, hoy queremos compartirte un secreto que aprendimos tras muchos vuelos y algunas decepciones: la mejor comida en un vuelo internacional es la que viene con salsa.
Sí, así como lo lees. Las salsas protegen los alimentos, conservan la textura y salvan el sabor, incluso cuando el aire seco de la cabina lo pone todo a prueba. Un curry suave, una pasta cremosa o un estofado de ternera se disfrutan mucho más que una pechuga reseca con arroz sin alma.
Y si tu billete te lleva en primera fila (o si decides darte un gusto en business), algunas aerolíneas están llevando la experiencia gourmet al cielo:
- Delta sirve la mítica cheeseburger de Shake Shack en First Class. ¿Quién diría que un clásico neoyorquino podría saber tan bien a bordo?
- Qatar Airways ofrece platos diseñados por el chef australiano Ross Lusted: cangrejo con especias, carne Black Angus… sí, como en un buen restaurante, pero con vistas a las nubes.
- Y Emirates, que no necesita presentación, lo hace todo a la carta: wagyu, caviar, tartas recién horneadas. Comer ahí no es parte del viaje, es el viaje.
Un consejo Nakara: si puedes, elige un asiento en las primeras filas. A veces, ese detalle define si te toca lo que pediste… o lo que quedó.
Saborear las mejores gastronomías del mundo con Nakara

Al final, lo que recordaremos no será solo el sabor. Será el momento. Será la conversación con la señora del mercado que nos explicó cómo preparar el plato de su infancia. Será la risa compartida en un restaurante sin nombre, o ese instante en el que algo nuevo nos sorprendió.
Comer es conocernos. Es descubrir el mundo desde dentro. Así que la próxima vez que planees una escapada, no pienses solo en paisajes… piensa en los platos que te esperan.
¿Nos acompañas a diseñar una experiencia gastronómica a medida? Porque en Viajes Nakara sabemos que los grandes viajes comienzan en el corazón… y en la mesa.

